

Las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM, en inglés Good Manufacturing Practices) son el conjunto de principios y requisitos reconocidos internacionalmente que garantizan que los productos se fabrican, controlan y almacenan de forma consistente conforme a estándares de calidad e inocuidad. Se aplican principalmente en los sectores alimentario, farmacéutico, cosmético y de productos sanitarios, donde la seguridad del consumidor es crítica. Las BPM cubren instalaciones, equipos, personal, procesos, materiales, documentación, control de calidad y trazabilidad, con el objetivo de prevenir errores, contaminaciones y desviaciones de calidad. Constituyen la base sobre la que se construyen sistemas más amplios como HACCP, ISO 22000 o esquemas específicos del sector farmacéutico y cosmético, y son a menudo un requisito legal o de mercado.
Certificar las Buenas Prácticas de Manufactura aporta seguridad jurídica y comercial a los fabricantes de productos sensibles, demuestra el cumplimiento de los requisitos básicos exigidos por reguladores y grandes clientes, y reduce el riesgo de incidentes, retiradas y sanciones. Es a menudo un requisito de entrada para vender a la distribución organizada, a la industria farmacéutica o a mercados de exportación regulados. Refuerza la imagen de fabricante serio y profesional y constituye una base sólida sobre la que avanzar hacia esquemas de gestión más completos.

